El corazón sobre todo

Debo reconocer, que aunque trato de huir al exitismo, siempre me gusta escribir el número diez. Aunque mi favorito sea el tres, el diez siempre hace que levante la vista, que preste un poco más de atención a él antes que a lo otro. Una jugadora, un jugador, una puerta de entrada, un día. Se lleva mis primeros instantes de atención fresca. Después si, mi vista recorre el lugar entero, me gusta observar, ver los movimientos de la gente, sacar suposiciones de lejos. 

Yo soy de esas a las que le gusta acodarse a la barra y charlar. Ir de a poquito mirando todo. Pero no con ojos de escrutinio lleno de malas intenciones. Ni siquiera juzgo como bueno o malo. No sé, es simplemente que me gusta. Tomar una cervecita y mirar el todo. Creo que en el todo se esconde la realidad. No en sus pequeñas partes sumadas. La esencia se esconde en el todo. Hay que ver como funciona para ser justos en el análisis. Si nos quedamos con partes aisladas en su estudio, sin dudas estamos siendo injustos. Tampoco hay duda de que para cambiar hay que separar en partes, porque “arreglar” todo junto, es imposible. Ese todo se verá afectado probablemente de manera mas integral de la que pensamos al cambiar una de sus partes.

Cata cumple un día 10 y la Flaca también. ¡Feliz cumple flaquita por que seguro me olvidé cuando fue! La flaca es el personaje más bizarro que conocí en mi llegada a Racing. Yo era una fanatica albiceleste que sólo quería cumplir el deseo de jugar para el club de sus amores. No sabia que iba a encontrarme en el Futsal de Racing, pero no me preocupaba, no estaba mi deseo más que en cumplir mi sueño. Racing me sorprendió desde todos sus puntos de vista. Caí en el futsal porque no había fútbol de campo para mujeres. Llegué, no me lo olvidó más, con mi mamá a la sede de villa del parque vestida de bombacha de campo. Llevaba unos botines umbro de papi futbol con varias batallas y una expectativa bastante más ancha que yo. Había hablado hacia algunos días con la delegada, que resultaba ser una jugadora de lo más simpática. Nuestra conversación, después de vencer mi verguenza incial, sumada al hablar por teléfono, me convenció de que algo bueno podía haber en ese barrio alejado de mi casa y cerquita de las vías del tren. Siempre recuerdo el tren cerca de la sede, la barrera, el cruce de las vías anchas cuando caminábamos con Lauchi desde Av. San Martín. La placita al lado de las vías, el cruce para ir al shopping donde almorzábamos los domingos generalmente. Y jugábamos a los fichines que yo amaba. Nos juntábamos los viernes temprano para tomar la leche y después entrenar. Eran épocas gloriosas y crecer sin vernos cada semana me da cierta melancolía. 

Nos emocionábamos cuando ganábamos dos partidos asi que imagínense el año en que ganamos cinco. Traíamos una euforia que no se podía explicar. Nos tocaba jugar de visitante en Banfield. Justamente, con country banfield. Un equipo que se había armado con la base de otro y venía peleando arriba en la tabla. Era un domingo a la mañana. Ibamos en el auto de Fercho, nuestro director ténico, un personaje bueno como ninguno y tan fuera de nuestro contexto cotidiano de clase media y escuelas que intentan que uno hable inglés. Siempre me sorprendía su corazón noble, su tartamudeo y su cariño por el equipo. El auto amenazaba con dejarnos tirados en algún lado, ante la falta de nafta y la sobra de algunos otros males. Tengo la imágen del peaje en mi cabeza cuando rogaba para mis adentros que vuelva a arrancar después del pago. 

El gimnasio era grande, al mejor estilo americano, cuadrado, con varias canchas pintadas y la de futsal armada lejos de las paredes. No me gusta demasiado la imágen de la cancha flotando en medio del cubo gigante. Pero nada de eso me importaba. Perdimos siete a tres. Y puedo decir que con esos tres nos entusiasmamos cuando todo estaba perdido. Volvimos con una decepción que nos era nueva, y con las banderas, que cada vez empezaban a ser más, guardadas en el baúl. Pero es increíble como a lo que se ama siempre se vuelve, asi que volvimos una y otra vez a la ilusión de campeonar. Lo logramos muchos años después sin haber olvidado ese origen, sin haber perdido esa ilusión, sin descreer que quién persevera triunfa. 

Aquí siembro mi agradecimiento a ese comienzo, a esa sede que guarda un pedacito de todos nuestros corazones, a esa camada que me transmitió el amor por el equipo, por la tribu, por defender una causa colectiva. A ese grupo que no fué la suma de sus partes, y que entendió perfecto el rol de cada parte. Aquél grupo que descreyó de todo pero jamás del equipo, ni de la solidaridad para andar el camino.  

Un comentario en “El corazón sobre todo

  1. Cuanto sentimiento en lo que escribiste, muy bien reflejado en el título. Me encantó, me llegó al corazón y me hizo recordar esa etapa tan linda

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