20.03.2020
Día seis de cuarentena. Viernes. En la Argentina casi es finde largo, se suspendió a tiempo. Acá ya entramos en ese juego de que uno no sabe bien que día es. Decír que tanta información por todos lados nos vuelve rápido a la conciencia del tiempo.
Se suspendió Racing, el futbol, los deportes. Todo. No se puede ir al cine, no se puede salir a caminar. Se puede leer, escribir, mirar videos por instagram, tomar mate, hacer ejercicio en casa, cocinar cosas ricas. Estudiar, limpiar la casa, ordenar la ropa, pensar. Inventar nuevas cosas, pintar, arreglar viejas cosas.
Hoy es un capicúa sin serlo. Pero me hace pensar bastante en un capicúa. Escucho ruidos en el pasillo del edificio, todavía pasan lejía por todos lados por suerte. Las ventanas de cada piso están abiertas y la limpieza parece sostener el orden.
En casa cuidamos la yerba, es lo único que no puede reemplazarse de manera certera. Aunque existan otras infusiones, nada como el mate para los argentinos. Es compañía, es charla, es comunicación en silencio.
En España acumulamos tupper de plástico en muy poco tiempo. Los envoltorios de los comestibles son funcionales. El tarro de plástico de las gatellititas Rex que le gustan a Cata, el tarro del café descafeinado, el de vidrio de aceitunas que ahora hace de lapicero, el que es sin tapa y de un plástico mas berreta donde ponemos las uvas.
Extraño el fútbol, más allá del extrañar de base a Racing. Extraño al futbol como juego. Patear, correr, respirar, chocar la mano de alguien, tener un objetivo común muy concreto y durante un tiempo determinado posible.
Hace poco soñé que estaba en un vestuario de nuevo y me sentía feliz. Siempre me sentí más feliz en la cancha que en el vestuario; o en el después, en la comida, en la bebida. Pero sueños sueños son.

Simplemente hermoso, con sentimiento y la nostalgia de algún día volver a la cancha para disfrutar el deporte que tanto amas.
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