Salsa y Diego, somos campeones

Sé que todo esto suena a repetitivo, pero que bendición es el sol. Amaneció nublado, y para las primeras horas de la tarde, se largó a llover. Lo suficiente para obligarme a cerrar las ventanas del cuarto en sus horas intocables de aireación. Con mi frío a cuestas, casi nunca ando por el cuarto enSigue leyendo «Salsa y Diego, somos campeones»