El agua de la inmortalidad

Mi masnavi

Un viejo pastor amarró en el puerto de Lisboa. Viajaba con su hijo mayor, una oveja y dos gallinas dentro de una jaula hecha con palos. Había recorrido un largo camino para ofrecer dichos animales a cambio del agua de la inmortalidad que manaba de una cascada escondida en un bosque y custodiada por orden del rey.

Tardó el pastor en dar con ella, había escuchado la historia de un hombre que conoció una tarde mientras sus ovejas tomaban agua del mismo río. El pastor le contó que estaba afligido porque su mujer hacía muchos meses que apenas se levantaba de la cama. Había intentado animarla, darle de comer cuanta carne pudo, prepararle sopas calientes, pero nada resultaba. El hombre le contó del agua inmortal que brotaba de una fuente cercana a Lisboa. Al retornar a casa y encontrar nuevamente a su mujer postrada en la cama, el pastor, con susto y decisión, partió con su hijo mayor y las ofrendas que podía permitirse a la búsqueda de esa milagrosa agua.

Caminó, luego de desembarcar en Lisboa, comió pan y bebió agua de los ríos. Llegaron finalmente, casi por intuición a la aclamada, secreta y escondida cascada. Dos guardianes, uno a cada lado del chorro de agua, se mostraban imperturbables. El guardián que se hallaba de su lado se acercó al pastor, tomó la cabra y las gallinas, y las condujo hacia un árbol, donde amarró la cabra y apoyó la jaula de madera.

–          Se dice que esta es el agua de la inmortalidad – dijo – pero nada asegura que quién la tome viva para siempre. Aunque, déjame decirte, que el agua alegrará tu vida, porque en el camino has aprendido la lección. 

-Y la noche gastada se ha quedado en los ojos de los ciegos

Dijo el admirado Borges hace ya tantos años

No deseó la inmortalidad porque ya se había unido a la luz

La oscuridad sólo residía en sus ojos

Y también dijo: -El amor lleno mis párpados de luz

Y agregó: – La vida se llenó de colores cuando la abracé

La vida lo bendijo con el don de la palabra, 

pero el dice haber cometido un solo pecado: no ser feliz

Vivir la vida con intensidad porque es esa la razón de su finitud

Se muere con plenitud, si se vive de igual manera

¿A dónde corres Gilgamesh?

¿Dónde no has besado y te arrepientes?

¿Has sido liebre o tortuga?

¿Sonreirán tus amigos al verte venir?

Recuerda que morirás

Que somos finitos y buscamos la luz

Es hoy, es aquí, es ahora

Camina, camina, camina

En el camino encontrarás las respuestas

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