Gatos son

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto divino,
te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa caricia de mi mano.
Has admitido, desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás.
Eres el dueño de un ámbito cerrado como un sueño.

J.L.B “A un gato”

Es cierto que habité un tiempo con la querida Chavela, pero volvió a las manos de quien me acompañó a buscarla porque no era el momento de mi vida para abrir las puertas a un felino. Mientras seguía con un can que hace las veces de gato por su carácter independiente, su libertad de movimiento y su huída y retorno constante a casa. 

Soriano amaba a los gatos, y yo lo amo a él, asi que algo de esa magia me habrá quedado dando vueltas después de tanto leerlo. 

En Málaga hay un restaurante de renombre a la vuelta del nuestro que eleva a los felinos a una posición de la que nunca se han bajado según su visión de la historia. 

En la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto nunca en la casa
son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos,
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo un arquetipo eterno.
Así lo afirma, sombra también, Plotino en las Enéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

J.L.B “El gato blanco y célibe se mira”

Cuenta la historia que se escribe en estos días hurgando en las tierras de tiempo atrás, que los gatos convivieron durante mucho tiempo con los humanos antes de ser domesticados. En las tierras mesopotámicas, entre el Tigris y el Eufrates, donde las plantaciones eran abundantes, también lo eran los roedores que buscaban alimentarse, no sólo de las cosechas, también de los restos de la basura humana. Como en la tele y en la vida real, detrás de los roedores aparecieron los gatos como su depredador natural. 

Dos linajes de gatos fueron domesticados. Una línea parece provenir del suroeste asiático y fueron quienes viajaron a Europa detrás de algunos ratones. La otra, es la que desciende del gato africano y se dice que ha dominado todo Egipto. 

Para los egipcios, los gatos eran considerados una reencarnación de la Diosa Bastet, una diosa lunar que tomó el cuerpo de todos y cada uno de los felinos. Los egipcios trataban al animal con cuidado y dedicación, le conferían poderes mágicos y confiaban fuertemente en su intuición. Si el gato de una familia moría, todos los miembros de la misma se afeitaban las cejas en señal de duelo. También eran momificados junto con sus amos en muchas ocasiones, y se ha encontrado un cementerio pura y exclusivamente de gatos.  

Los egipcios creían que los gatos podían ver el interior del ser humano y castigaban con la pena de muerte al que osase matar a uno. 

“Le dije que yo no tengo biografía me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna”

Osvaldo Soriano

Borges tuvo dos gatos: Odin y Beppo. Odin era atigrado y lo sobrevivió diez desconsolados años. Beppo era un gato blanco que recibió más de un poema y miles de caricias del escritor. 

Terry Pratchett dijo que hubo una época en que los gatos fueron adorados como dioses y no lo han olvidado. 

Hay muchas películas y libros dedicados a ellos.  

Hay quienes afirman que nos cuidan de las malas energías, deteniéndoles en la puerta de casa y que de yapa nos advierten de personajes no deseados. 

Algunos sabiondos dicen que los gatos nos brindan el conocimiento que nos falta para avanzar y madurar a nivel espiritual. Enseñanza que antes tanto como ahora, nos vendrían muy bien. 

Los gatos son animales muy apreciados en el mundo árabe. 

Mahoma predicaba con alguno sobre él. Muchas veces era su amada Muezza la que lo acompañaba, pero en otras ocasiones otros felinos se posaban en su falda o se quedaban a su alrededor. 

Dicen que el gato de un seguidor le salvó la vida al tirarse sobre una serpiente que estaba por morder al gran maestro. Abu Hurayrah era el fiel que solía llevar a su gatito en el bolsillo de su túnica.

Los árabes creen que los Yinn (genios) pueden tomar el aspecto que elijan, y suele ser el de un gato. 

Nuestro gato Gaspar recibió el nombre de un Rey Mago, el cual, a pesar de su corta edad, ya reconoce causando mi asombro. Él tiene el nombre un maestro que llevó la sabiduría del pueblo Hebreo al niño Jesús en el día de su nacimiento. 

Este Rey Mago, cargo el incienso que simboliza el cosmos y la astrología. Cuando este se enciende, el humo se va para todos lados, cubre el piso, el cielo, el lugar entero. Esto nos muestra la relación del cosmos con el todo, arriba es abajo y abajo es arriba. 

Según cuenta la leyenda, Gaspar viajó hace dos mil años montado en un camello siguiendo una estrella que resultó ser un cometa. Llevaba el incienso debajo de sus vestiduras y su larga barba roja. 

Nuestro Gaspar viajo en colectivo para llegar a casa, y lo recibimos con un amor gigante, abiertas a la reciprocidad de los que cuidan sus espíritus mutuamente, de los que se quieren sin conocer sus caras previamente, de los que sienten la vibra para generar un vínculo. 

Bienvenido Gaspar a nuestra casa. Gracias por bendecirnos con tu alegria y tu sabiduría. 

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