Cuando era chica, lo único que se escuchaba nombrar en el ambiente del tenis era el nombre de Sabatini. La mitad de los periodistas argentinos, fiel a esta costumbre de cuarto poder exitista y poco analítico, la defenestraban por no haber alcanzado el número uno del ranking. La otra mitad se sentía orgullosa de ser argentina y haber tenido semejante idola mundial. Yo no recuerdo nada de esa época ni de esos comentarios, pero su apellido sobrevolaba sin quererlo todas las canchas de tenis del país donde hubiese una mujer dentro.
Gabriela tenía espíritu ganador y era ganadora de espíritu. Ganó 27 torneos individuales y 12 en dobles. Jugó 28 finales, 57 semifinales y se llevó un Gran Slam, el US Open del año 90`.
Se retiró en el año 96` con sólo 26 años y 12 de carrera. Debutó muy joven, respondiendo con monosílabos y raquetasos a todo lo que se le preguntaba. Sufrió de verguenza y del acoso de la prensa aunque no se quejó de ninguna.
Se retiró en el Madison Square Garden, dando un discurso que le costó más que un partido contra Steffi Graf.
Es una mujer que me enternece, no con la mezcla de lástima o indefención en la que me enternecen los niños, si no con la de alguien a quien me gustaría ver libre en todas sus facetas. Creo que si Gaby tuviese la varita para eliminar una profesión del mundo sería la de los periodistas paparazzi que tratan de compensar con fotos lejanas lo que Sabatini no tiene interés de expresar en palabras.
Fue la jugadora que más veces le ganó a Steffi Graf, contando once partidos. Obviamente que la alemana le ganó mas del doble, pero estamos hablando de la mejor jugadora de la historia del tenis femenino probablemente. Gaby dice que tuvo la suerte de jugar con esa camada porque eso potenció su tenis, y fue contra Steffi donde se vió su mejor versión. Tuvo una racha de cinco victorias seguidas, en las que parecía que el reinado Graf se caía para dar paso al de Gaby, pero la alemana tenía recursos, coraje y físico.
Ciertamente la única tenista admirable, a nivel humano, de esa camada fue Gaby. Cuando Monica Seles, en el año 93`, mientras lideraba el ranking mundial con solo diecinueve años, fue apuñalada sopresivamente en un cambio de lado, Sabatini fue la única que voto a favor de mantenerle el ranking hasta que se recuperase. Dejando en evidencia que la ambición no opaca los valores morales. Desde que conozco esta historia no volví a respetar a Steffi Graf como persona, aunque no conozca nada de ella. Que me disculpen la empatía y el no juicio.
En el 90`, Gaby ganó su único Gran Slam en la ciudad de Nueva York, inmortalizando con dos saltos esa conquista. Corrió a abrazar a su hermano ni bien termino el partido y levantó la copa con una alegría que no se traducía inmediatamente en sonrisas.
Se define como una persona que toma con calma sus decisiones, las analiza detenidamente para no tener que arrepentirse ni un solo día de haberlas tomado.
Tímida por demás, ama el café y re bautizó a Roma como Gabylandia, ganando cuatro veces el torneo que allí se disputa. Todavía se reúne con su club de fans cuando va de visita a la bella capital imperial.
Hija de una generación y una familia que ostentó el bajo perfil. Incluso su hermano, casado con Catherine Fulop, no es un hombre de grandes declaraciones ni exhibición de su vida privada, más allá de que sus hijas si son personalidades con cierta exposición.
Tuvo la dicha de retirar a su ídola Martina Navratilova, que ya era una mujer madura y asentada en sus gustos.
Gaby descubrió que viajar era maravilloso cuando dejó de jugar y no volvió a agarrar una raqueta por mucho tiempo. Se instaló en Zurich, donde la fama no es invasiva y puede disfrutar del aire libre sin ver polvo de ladrillo. Viaja tanto a Miami como a Buenos Aires con frecuencia, visita a los amigos y a la familia. Viaja porque es lo que ama además de hacer ejercicio de todas las maneras posibles. Hizo ciclismo, natación, maratón y delante mío tengo una foto en donde se la ve sobre un skate.
Le dedica todos los días algunas horas a promocionar sus perfumes y a manejar sus inversiones inmobiliarias.
El salto de calidad de su carrera lo dió cuando se animó a incorporar en los partidos la volea que tanto había practicado en entrenamientos con Carlos Kirmair.
Empezó en River con Palito Fidalgo, siguiendo los pasos de su hermano. No la dejaban jugar porque era muy chica y se iba al frontón sola. Un tarde, termina Fidalgo de dar clases y ve a una chiquita pegarle con insistencia y sin cansancio a la pared. Enseguida notó que las condiciones, más allá del entusiasmo, la acompañaban.
Dice que no extraña estar en la cancha jugando, que era justamente lo que hacía que deje de extrañar a su familia cuando era un precóz adolescente recorriendo el mundo. Recuerda bien su primera gira a Europa, cuando finalizó número 1 junior y sorteó todo tipo de adversidad junto a su compañera Mercedes Paz, cuatro años más grande que ella.
Hoy extraña lo que vivía alrededor de esos torneos, el ambiente, el conocer gente diferente. Aunque como todo viene con un combo, personalmente, dudo que lo extrañe demasiado.
Trabajó con psicólogo en dos etapas de su carrera en que sintió haber perdido la motivación. Por suerte superó la primera, cuando tenía diecisiete años y para la segunda ya era una jugadora harto consagrada, con un Grand Slam y dos Masters a cuesta.
Se retiró antes de lo que se señala como la edad dorada de los deportistas, los veintisiete años, dándole al mundo del tenis una lección de solidaridad que nunca aprendió. Steffi Graf se convirtió en la mejor jugadora de la historia y Mónica Seles volvió a ser numero uno sin superar sus traumas.
No sabemos si Gaby dejó de creer en la humanidad del tenis o si ya no hacía falta que demuestre que hubiese sido la mejor.
Desde muy temprano le ofrecieron crear su línea de perfumes y hasta hoy la mantiene siendo la cara visible de presentaciones y comerciales que nos la muestran en una faceta a la altura artística de los revés que nos regaló.
Le gusta la lectura de autoayuda, los libros espirituales y las novelas románticas que encajan perfecto con la percepción que tengo de esa pequeña y esta gran Gaby que guardan los registros.
Cuando veo reportajes viejos siento ganas de pedirle perdón. Perdón por hurgar en su vida, perdón porque nadie resiste los archivos, perdón por caer en la miseria de buscar en sus intimidades.
Cuenta que se ha sentido sola, como todo el mundo, pero yo especulo que no fue sólo dentro de una cancha en su adultez.
Es una taurina que se define como tranquila, honesta y simple. Cuenta que la mañana no es su mejor momento del día pero que los años y la sociabilidad la fueron moldeando. Nació el 16 de Mayo de 1970.
Repite constantemente el una para referirse a ella misma, empoderando el deporte femenino de una manera constante y sutil.
Dice que la pone muy nerviosa cuando hay alguna expectativa sobre ella, como las presentaciones o lugares en los que la gente esta esperando que aparezca. Un miedo que envuelta en polvo de ladrillo no parecía sentir nunca.
Se adaptó bárbaro al cemento pese a que para los argentinos suele ser una superficie no tan deseada como el polvo, en el que se entrenan todo el año por la cantidad de canchas qué hay en el país. Probablemente sus años en la Academia de Miami de Patricio Pay, la adaptaron a las canchas duras. Tuvo también grandes actuaciones en Wimbledon, donde estuvo muy cerca de alcanzar la cima del ranking en un partido contra Steffi.
Es la única tenista argentina que conquistó un Grand Slam en single.
Justo el año en que apuñalaron a Seles tuvo un bajón tenístico en su carrera. Entrenaba bien pero no conseguía los resultados deseados.
Se retiró el 15 de Octubre de 1996 frente a la incipiente Jennifer Capriati, a la que le regalo ese honor.
Fue la semifinalista más joven de Roland Garros y la tenista mas madura dentro de la cancha. Dice que curó sus malhumores de chica, cuando no controlaba la ira causada por los puntos perdidos o los golpes fallidos. Parece que la madre la curó igual que la mia a mí, una vez que me tocó jugar contra una nena que lloraba en pleno partido. Cuando salí de la cancha mi mamá me dijo que si alguna vez tiraba la raqueta como aquella nena, no iba a jugar nunca más al tenis. Así que me guardé todos los malos sentimientos para largarlos fuera de la cancha.
Dueña de un revés exquisito, de perseverancia y cojones para subir a volear. Cree que la incorporación del juego en la red fue su gran salto de calidad. Todos tienen que tener uno. El de djovick fue descubrir que la alimentación lo influía sobremanera.
Cuando veo a Gaby en partidos viejos, veo también a mi mamá, con su movilidad de piernas, su split y su derecha plana. Su cara de concentración asi sea un partido de Interclub o contra los integrantes de la familia.
Relamente no sabemos nada de la vida privada de Gaby, solo que en todos lados cosechó amistades y buenas vibras, que se dedica con entusiasmo a disfrutar del deporte, que se mantiene espléndida, que todavía conserva su obsesión por ganar y su competitividad innata, que ama a sus sobrinas y las tiene siempre presente, que logró su sueño de ser, después de todo una tipa normal, como vos, como yo; que sigue siendo tímida y reservada, pero eso no implica que sus convicciones no sean claras y determinadas.
Cuando la pienso en imágenes se me vienen Bonadeo y Salatino a la cabeza. El gordo la recuerda siempre como la mejor y la ha dedicado más de un programa. De hecho hay un lindo ´25´ recordando sus mejores jugadas. Salatino la siguió de chiquita con aire de padre y deseos genuinos de que triunfe siempre. La cuidó con su periodismo de tipo honrado y humano, guardando en su corazón y en su memoria mil momentos con Gaby. Ella le regaló una raqueta que él atesoraba y se devoró un incendió que se llevó también su casa.
Dejó flotando en el aire, entre cenizas y humos de colores, muchos revés y voleas mágicas, las sonrisas de una pequeña Gabriela y los sueños de victorias que guarda esa niña que supo madurar tan pronto, y antes de hacerlo conquistó el mundo desde una cancha.
