¡Hoy es el día de la patria! Feliz día querida Argentina. No puedo evitar acordarme la frase de Borges sobre la puerta de entrada del Centro Cultural Kirchner: nadie es la patria, pero todos lo somos.
Hace muchos muchos años, un veinticinco de mayo, Argentina formaba su primer gobierno patrio. Ya había luchado contra los ingleses con agua caliente y aceite hirviendo y resultó una defensa más efectiva que las balas de cañón, las pistolas y las espadas. Buenos Aires era una ciudad en auge, fruto del modelo agro exportador que tendría su apogeo unas décadas más tarde y que la situaría como destino elegido por los pobres de europa.
Entre ellos vinó mi bisabuelo, que en una ciudad del oeste de la provincia de Buenos Aires, se casó, gracias a sus hermosos ojos azules con mi bisabuela Celia y dieron origen a nuestra familia Domínguez.
Doscientos años después de los ingleses y del Virrey Cisneros, festejamos los tres Dominguez que llevamos la responsabilidad de prolongar el apellido, en la Nueve de Julio. Caminamos desde Avenida Belgrano, por la Avenida más ancha del mundo, hasta Avenida de Mayo, mi preferida, ancha, glamorosa, con una historia en cada baldosa, en cada pared, en cada bar. Nunca volví a ver esa cantidad de gente en la calle. Fue una fiesta, desde todos los puntos de vista. Festejamos 200 años de historia, de país, de unión a pesar de las tantas diferencias.
A la tardecita caminé con alguna de las chicas por una Corrientes que sólo fue peatonal para esa ocasión. Varios años después una reforma convirtió la mitad de la Avenida en peatonal definitiva con horarios.
Los gritos de empanaditas calientes esta vez fueron de rockeros y sin acento español. La elegancia se alejó de la ropa y se lució en los escenarios y stands a lo largo de la Nueve de Julio. La presidenta dió un discurso para los miles que estaban presentes y los millones que la escucharon por la tele, recordando que el Cabildo aún sigue en su lugar exacto aunque le falta una partecita de cada lado.
