Ya no sé cuántos días vamos porque este es el momento en que dejamos de contarlos. Cuando ya pasan demasiados, como cuando cumplís demasiados meses con tu pareja y los dejás de contar. No por falta de amor, si no de novedad.
Me había puesto una remera de sintético que me gusta, pero no tolero la tela. Hay días en que no tolero ciertas telas. Si, a mi también me parece increíble, pero es real. Lo juro. No quería cambiarme tres veces, como suelo hacer los días que entreno, entonces me puse directamente la remera para entrenar desde la mañana. Pero no pude sostenerla más de 3 minutos. Me tuve que cambiar.
Me levanté pensando en mi amiga Chofi, porque soñé con ella y sus luchas sociales. Pienso que estará haciendo cinco horas antes de mi día y que ganas de verla. Que lindo sería poder teletransportarme un ratito y verlas a todas. A veces creo que sólo con un reencuentro sería capaz de sentir las mismas cosas que sentí hace muchos años. Y después me doy cuenta que nada borra esos años, pero que es imposible recuperarlos, que somos otros, que nos queremos de otras maneras aunque con el mismo amor.
Todavía nos veo, como si fuese hoy, con el viento fuerte en la cara, agarrando Elpidio González para gritarle un montón de cosas a Chofi que sólo iban a escuchar sus viejos; parando el auto para ir a tocarle el timbre al Gato, que para esa época llevaba una vida más seria que la nuestra, había firmado una convivencia y estaba en el intento de ser adulta entre pares que a veces lo éramos y a veces no.
Yo llevaba una existencia de adulta hasta los viernes a la noche y los varios ratos del día en que se me había dado por cortar botellas. Estaba en plena recuperación de mi rodilla y tenía que mover mis manos para controlar las ganas de mover mis piernas.
Para esa época soñaba mucho con mis abuelas. Venían a pedirme ayuda en sueños y yo no podía moverme rápido. Rengueaba o usaba un bastón, mientras las veía morir delante de mis ojos.
Cuando recuperé la flexibilidad casi completa, porque nunca llegó a ser tal, volví a entrenarme con más énfasis que nunca. Dejé el entrenamiento de la selección porque decidí seguir con el profe del club antes de hacer un esfuerzo para estar a la altura de algo que no estaría. Decidí que a Racing le iba a entregar mi corazón y mi rodilla si hacía falta. No terminamos un buen año, el recambio racinguista nos costó el 2011 y la pérdida de nuestra capitana dentro de la cancha. Fue el quiebre en el que comenzamos a creer en que ser competitivas era posible.
