Paloma negra
“Silencio, silencio, las amarguras volverán a ser amargas… se ha ido la gran Chavela Vargas” anunció su muerte el tweet oficial de su cuenta.
Hoy que sí, mañana que no. Hace dos semanas llevaba un arma bajo el poncho y en un mes contará que sólo fué una vez. Chavela es enigmática, misteriosa y mentirosa. Chavela, es un mito que ella misma creó y que alimentaron muchos españoles, y para el final de sus días muchos mexicanos.
Chavela tiene la paz de los que nacieron más de una vez.
Una vida de dolor y otra de gloria.
Nació bajo el nombre de María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lozano, el 17 de Abril del año en que se firmó el tratado de Versalles, condenando a la pobreza al triste pueblo alemán, 1919.
A pesar de que el mundo la conoció como Mexicana, y esa fue la tierra de su alma, nació en Costa Rica, en un pueblo llamado San Joaquín de Flores.
Nunca pensó que pasaría de la indiferencia con que la criaron a amanecer con Ava Gardner luego de una fiesta que duró tres días en alguna mansión olvidada de gente que vivía de la noche, de los sueños, del ahora.
Tarde en su vida se definió abiertamente como lesbiana y la única bandera que abrazó, fue la de la libertad. A la que por elección o destino siempre opuso el dinero. “Si hubiese tenido dinero, me hubiesen matado o robado” declaraba una Chavela que siempre conocimos vieja.
En algún momento impreciso, después de cobrar una buena plata se compró una casa muy grande en Costa Rica. No se hallaba en un caserón y el rugido del mar le impedía dormir. No se hallaba en la tierra que la había parido, ya su corazón bombeaba la sangre mexicana que había logrado ahuyentar el recuerdo de un pasado triste y solitario.
Fue de fiesta una noche a la casa azul de Frida Kahlo y Diego Rivera, y permaneció un tiempo que no se puede precisar. Durmió algunas noches con Frida, otras con Diego y a la imaginación de todos dejó la duda de si entraban los tres en un cama.
Bebió 45 mil litros de tequila, contando los que tomó en sus horas mas terribles. En esa bruma malgastó doce años de su vida, y aprendió lo que ya sabia. El tiempo, la fama y el éxito son palabras que van y vienen con el viento.
“Nadie se muere de amor, ni por falta, ni por sobra”
Chavela Vargas
En 1942 adoptó su nombre artístico, aunque no tomaría con certeza ningún año en la vida de Chavela.
Murió en el 2012, año en que unos ancestros de su tierra decretaron un fin del mundo que aún no llegó. O no lo registramos.
Luego de que el ángel del Ave Fénix limpiase sus venas ahogadas de tequila y desesperación, resucitó y fue reconocida como cantante internacional, tras unos breves comienzos en México y la cálida bienvenida de España.
En unos de esos días, en sus terribles doce años de anonimato y alcoholismo, en que estaba encerrada en su casa de Aguatepac, sobre el Boulevard de los sueños rotos, se encontró cara a cara con el diablo. Sin miedo a su fuego ni a sus tentaciones, le hizo frente desafiándolo: – O me llevas ahorita o te parto la cara. Y así, vivió hasta los 93 años.
Tras esos años de olvido y depresión, volvió al ruedo en el cabaret El hábito donde como siempre continuó luciendo un poncho, la camisa manga larga abrochada hasta arriba y según la ocasión un pañuelo al cuello. Experimentó por vez primera, el pánico escénico del escenario sin alcohol y cuando en mitad del show se vió tentada a correr por un trago, casi se desmaya.
“El alcoholismo es una dependencia del alma”
Lloró la muerte de su amigo del alma, del de parrandas, de su trampolín fuera del anonimato, como quién deja ir una parte de si. Cantó borracha de tequila sobre la tumba de José Alfredo Jiménez y sobre el hombro de su esposa, su real descubridora. Años atrás, al escuchar a Chavela en un Cabaret por casualidad, Paloma le contó a su esposo, José Alfredo, que había encontrado la intérprete perfecta para sus tristes canciones de amor.
Parece que en sueños conoció a Trosky y al levantarse se le olvidó. El viejo barbudo que se presenta a la puerta de Frida Kahlo aparece y desaparece cada vez que Chavela vuelve a contar la anécdota.
Cuando era pequeña un indio le curó la ceguera y luego cargó con sus ojos planos y una miopía muy extraña. Padeció la poliomelitis sin mas consecuencias que seguir siendo diferente ante el mundo en el que le tocó nacer.
Encontró y perdió un amor en el mercado, se sintió caer del mapa al llegar a la ciudad más austral del mundo y nunca probó hierbas alucinógenas.
Cantó solo con una guitarra o dos de compañía y respetó su estilo hasta su última hora.
Me resulta enigamática su fama tan tardía. Lo mejor de su carrera lo vió luego de los años 90´, cuando ya superaba los setenta años. Aunque tiene lógica, no necesitaba verse bien ni utilizar su juventud como promotora, la verdadera Chavela era la que había vivido y sufrido para cantarlo. Ahora llena de paz y serenidad, el mundo le concedió la gentileza de escucharla, cuando ya no tenía el poder de una vida por delante.
“Amantes del mundo: a veces es más fácil recordar que vivir”
Quería morirse un martes, para no arruinar la parranda del fin de semana. Y en un atardecer, porque era su hora preferida del día. Pero la muerte, así sea invitada o no, ya está escrita en alguna de las líneas de nuestras manos. Así que la fue a buscar cuando quiso, y Chavela la esperó sentada. La despidió una multitud y ese amor le llevó de regalo a José Alfredo, con un tequila bajo el brazo, un poncho cubriendo su cuerpo y la voz angustiada, todavía ávida de nuevas canciones.
“Después de Jesucristo nadie ha abierto los brazos como Chavela Vargas”
Pedro Almodovar
La diosa marginal hasta los 90´. La diosa marginal exitosa a partir de España. Sin dudas, conquistó ambos continentes, empezando por uno de los países más machistas de América Latina. Combatiendo todos los prejuicios sociales, cantaba vestida de hombre, canciones que sólo cantaban los hombres, mostraba la angustia que ellos no se animaban y lo hacía sin mariachis, para quitar toda careta festiva y dejar el foco en las profundas letras.
En su segunda vida, siempre amparada, presentada e impulsada por su marido, como a ella le gustaba decirle a Pedro Almodóvar, logró el imposible de cantar en el Olympia de París. Este escenario le abrió las puertas para un tiempo después, cumplir el sueño que perseguía desde joven, el Teatro de Bellas Artes en el DF, México.
“Y si quiere saber de mi pasado, es preciso decir otra mentira. Les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que yo nunca, nunca he llorado”
Letra de José Alfredo Jiménez
Contaba que el Cerro Chalchi, frente al cual vivió los últimos años de su vida en la ciudad de Tepoztlán, abriría sus puertas durante el próximo Apocalipsis y solo se salvarían los que entrasen en su seno. Le mostró la ladera en la que se escondían las puertas a Almodóvar, para que viese con sus ojos el nuevo mundo, si lo encontraba vivo el momento.
A pesar de sus esfuerzos de paz, de amor y serenidad, México no logró aún superar la violencia en la que hace décadas está inmerso, y que Chavela deseó profundamente ver pasar. Decía que su México estaba durmiendo una eterna siesta y que ya pronto despertaría.
El Cabaret El Tenampa en el DF, guarda historias labradas en vasos, canciones y versos. Si hablaran las sillas y no sólo las paredes… Si hablaran los vasos, y las copas, y las botellas… Chavela contaba que ella no sufrió de cirrosis como su compañero de parrandas porque ella comía mientras bebía, mientras que José Alfredo sólo bebía. Salían de juerga en un auto blanco y quedaron en la historia como un mítico dúo. Ella, como su mejor interprete y él probablemente como el mejor compositor mexicano de rancheras de todos los tiempos.
“No es valor, ni es cobardía. Es hacer”
Dicen que un amorío con Arabela Arbenz Villanova, le costó ser vedada en todos los medios televisivos y en todas las radios de México. Arabela era la novia de “El tigre” Azcárraga y quedó seducida por Chavela mirándola desde los pies del escenario. No se conocen mayores detalles del cuento, solo la veda de Chavela en los medios y en consecuencia la suposición de que su sex appel incontrolable adelantaba a su tiempo e invadía el de los otros con amores libres.
Dijo que ya había pasado de moda el casamiento y nunca tuvo el deseo de tener un hijo. Tuvo un hermano que se suicidó y al que dijo comprender, ella hubiese hecho lo mismo. Él había quedado mudo luego de una operación de cáncer de lengua, y estaba harto de escribir todo lo que quería decir.
La canción `La Macorina´ se convirtió en una canción de guerrilla. La historia contada parece por fín cierta y se ha cantado hasta el hartazgo, aquí y allí, en tantos puntos de nuestra Latinoamérica.
Tenía unos dientes grandes, blancos y alineados que contrastaban con su piel morena. Cada vez que la pienso, tengo la imágen de Sabina, oígo su canción de fondo y la veo venir caminando hacia mí, joven y envuelta en un poncho rojo.
“Nada quedó de mi en la Tierra. Que al rato regreso.”
Grabó un disco después de los noventa años dedicado a la memoria del gran poeta Federico García Lorca. Así se despidió de él y de España, para regresar a morir a su país.
“Y aquí estaremos, si Dios nos presta la vida, otra vez.”
En cada borrachera un mexicano la recuerda, en cada llanto, en cada nueva libertad sexual, en cada beso ganado con seducción.
Morena como la Virgen de Guadalupe, misteriosa como el tequila mexicano, con sangre india y corazón borracho. Empachada de soledad y rodeada de afecto, habiendo curado sus penas hace largo tiempo. Así murió la gran Chavela Vargas.
