Naciendo

Recordar, del latín re-cordis: Volver a pasar por el corazón.
De `El libro de los abrazos´. Eduardo Galeano.

Abrí el libro en la página setenta y ocho. Hacía mucho tiempo no leía poesía. De joven solía entretenerme bastante, pero a medida que fuí creciendo, empecé a elegir la narrativa. La poesía de la página setenta y nueve, se titulaba `El jardín de las delicias´. El nombre me llamó la atención, lo leí y continué. El siguiente poema terminaba con estas líneas: 
“Almodóvar, Gestalgar, Valdemoro,
Almurodiel, Orgaz.”
Volví las páginas atrás y releí el `Jardín de las Delicias´:
“Bellas las aves que vuelan sin tiempo ni búsqueda eterna
Belleza esconde el mar en el azul oscuro de su largo corazón
Amo el verde que muestra su hermosura sin pudores
Admiro la densidad del bosque que es refugio de los débiles”
Recordé que en el Museo del Prado está el cuadro que lleva el nombre de esta misma poesía. El autor, Jheronimus Bosch, necesitó cinco años para verlo finalizado, aunque podría haber continuado agregando detalles durante otros cinco más. Nadie sabe exactamente en que año nació El Bosco, como se lo llama al autor cariñosamente en España, ni en que período de su vida pintó la codiciada obra. Yo me remito a los datos de su vida que ofrecen en el Museo del Prado, 1500 a 1505 informa el museo como los años en que fue creado el tríptico.

Pasé una hoja más y leí: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Neruda vino a mí, asi que fuí en búsqueda de sus `Veinte poemas de amor y una canción desesperada´. Algo me hacia sentir que ya había estado en ese preciso instante, exactamente igual pero en otro tiempo. Comencé a desandar mis pasos hacia atrás a partir del momento en que tomé el libro de Neruda de la biblioteca. Me senté en la mesa, como estaba hacía treinta segundos, tomé nuevamente un mate y giré la hoja del libro hacia atrás luego de leer: “Puedo escribir los veros más tristes esta noche”. Me transporté a una poesía que yo había escrito hacia ya varios años, luego de perder una final de fútbol: 

“Puedo escribir los versos más profundos esta noche
Puedo culpar al azar
A mi estómago
A los dioses por ese tiro fallido
Puedo comenzar mañana como si volver un día atrás fuese posible
Y reprocharme las lunas que me perdí para igual fallar
Puedo alejar la culpa de mi pecho
Y volcar la tristeza en una fila de vasos
Puedo criticar y poblar de enemigos conocidos el arco que tanto defendí
Puedo masticar la bronca de la derrota y siempre sabrá a derrota
Pero no olvidaré entre nubes y polvos que una batalla no es la guerra,
que la guerra se halla lejos del juego,
que el juego es una película a la cual me entrego,
total y desinteresadamente,
para finalizar cada dia jugando nuevamente con mis pasiones mas humanas”.

Me ví recorrer cada paso de esa cancha de futsal en WIlde, en la que había ganado tantas veces y había perdido tantas otras. Seguí, guiada por un impulso desconocido, dejándome llevar hacia atrás en el tiempo. Saludé al técnico que tanto había querido antes de emprender mi viaje a Italia y recordé otro escrito:
“Esta es la historia de los que no tienen historia. Esta es la historia de los que a pesar de perder pueden escribir y ver si un atisbo de su magia logra un hueco en algún libro. Conozco a muchos talentosos preocupados por trascender. Pero mejor conozco a uno que vale la pena conocer. Su sensibilidad inunda los campos donde los sueños corren detras de tipos duros, y los tipos duros detrás de una redonda, del prode o de una mujer.
¿Se puede encontrar la otra mitad en alguno de ellos? ¿Nos falta la otra mitad y realmente debemos ir por ella? 
Nos criaron creyendo que hemos venido incompletos al mundo, y quizás estemos mas completos que esas páginas que anhelamos llenar.
Completamos el sueño más grande de todos los sueños. Sin quererlo y sin pensarlo, lo disfrutamos como niños en la playa, sin pudores, sin mangas, sin pasado ni futuro.
Deseo que tu risa sea sincera como tu dedicación. Deseo que trascienda tu elección sin protocolos, sin pasado, sin veremos. Con los miedos cerca, para que sientas el paso firme cuando los quiebres, el pecho inflado y el abrazo entre tu corazón y tu mente. Deseo que puedas dejar de mover tus manos para abrazar o dejar ir, y que la mezcla de sensaciones te recorra el cuerpo sin estancarte en una silla en la vereda del barrio.
Deseo que persigas tus pensamientos y te lleven donde quieras ir, sin imposiciones y sin soluciones, con el paso al vacío del que sabe que su espalda esta cubierta por la responsabilidad de los años, del corazón entregado, de los amigos y del que siempre ha sabido sonreír. 
Deseo de corazón, estar a tu lado, aunque nos separen las distancias y algunos actos, aunque el tiempo nos imposibilite, aunque hayamos conseguido todos los objetivos.”

Y seguí mi viaje en mi propio tiempo, en mi propia vida, hacia atrás. Vi cada uno de mis actos y se me aparecieron varios otros escritos. Me recordé arriba de un árbol, observando el pequeño mundo de mi patio; en la cama de mis viejos, con la oreja derecha en la panza de mamá para escuchar todos los ruiditos que hacían sus tripas mientras ella miraba algún programa de cocina en la tele; vi a mi hermano leyendo en todos los sillones de las casas que habitamos juntos, en todas las camas, en la playa, en cada edad en la que nos recordé; y llegué de repente a un nacimiento. Supe que era mi prima mas chica, vi otros bebes rubios y muy enérgicos, vi a mi hermana nacer y la panza anterior de mi mamá. Y seguí en el tiempo.

Apareció un año en un diario íntimo que no supe descubrir de quién era y me ubiqué, 1988, Buenos Aires. Había pasado mi nacimiento y no lo recordé. Mientras mi mente me llevaba de recuerdo en recuerdo, me contenía las ganas de llegar a mi nacimiento para poder observar mi vida completamente. Y sin embargo, mi mente se había saltado ese recuerdo que deseaba tanto. – ¿Por qué? ¿Por qué? Me pregunté una y otra vez y al comenzar a pensar, mi viaje en el tiempo se detuvo. 

Al día siguiente volví a arrancar desde el mismo lugar en que había iniciado. Volví a la poesía de Neruda, luego a mi poesía y acto seguido, siempre con calma, a tomar el mate. Los recuerdos comenzaron a brotarme sin orden. A través de una película de ciencia ficción, aparecí en el living de la casa de Cariló cerrando las ventanas para contener mi susto; el susto me llevaba a la muerte de mi abuela, justo dos semanas antes de cumplir mis quince años; el número quince me llevo a mi debut en River, y aparecí desmayada en un hospital de Capital Federal diciendole a mamá por teléfono que era hincha de Racing y que tenía dos hermanos, que no se preocupe, que no estaba herida de gravedad y mi memoria funcionaba perfectamente.
Ese accidente me llevó a uno en Brasil, varios años más adelante, cuando un taxi me chocó de costado y volé tres metros para convertirme en perro. El perro me llevó a Messi, a Casciari y a la Negra. Por unas milésimas de segundo los habité a todos. De repente una reunión de perros que nunca existió en mi historia, se me recrea en el parque de Cariló como cierta. El pasto de Cariló me trae a mamá, con su mate, un libro y el sol de la media tarde. Me acerco y la abrazo, y se deja abrazar y de a poquito a poco voy fundiéndome con ella. Escucho mi propio llanto, y me veo nacer un 19 de Marzo de 1989 en un hospital de la Ciudad autónoma de Buenos Aires. 

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