Parque del Retiro. Madrid. Febrero 2017.


Ese domingo fuimos con Cotina al Parque del Retiro, a mi me quedaban pocos días en la hermosa Madrid y Coti ya estaba instalada y trabajando. Tenía que hacer una nota de algo que sucediese en el Parque, contar algo. Caminamos y mientras me mostraba ese hermoso pulmón verde en pleno Madrid, llegamos al centro. Había varias personas caminando y en un costado de la pasarela invisible, una mujer con una mesa.
El cartel decía poesía en el momento. Nos acercamos a ver si esta curiosidad que nos llamó la atención podía ser la nota que Cotina necesitaba. Nos dijo su nombre y nosotras los nuestros, y después nos pidió una palabra. Yo dije miedo, porque debería de estar teniéndolo al tener que volver a Bs As y a una rutina que no me convencía del todo, después de dos meses de vagar con mis propios pensamientos, el buen comer y mil horas de caminata al ritmo al que una debería caminar siempre.
De esa poetriza surgieron estos versos que guardé en la casa de mis viejos atrás de un vidrio de la cocina por varios años. Con esos versos intenté alejar el miedo más de una vez, y cuando no lo logré, sus letras me dieron la gracia de viajar a Madrid y recordar ese paseo un rato largo.
Mi gratitud a quienes se dedican con amor a lo que aman.
