Viaje a otra dimensión

Ayer empezamos a ver Outlander. Me encanta la idea del viaje en el tiempo. Es una inquietud que persiste en el imaginario colectivo desde hace algunos siglos. Me resulta increíblemente lejano hasta que empiezo a pensarlo con optimismo y ganas entusiastas y me parece muy real. Incluso la ciencia, a través de Einstein ha avalado la posibilidad de un viaje en el tiempo. En estos días, Cata lee un libro acerca de Dios, que lo avala también. Entonces me dió a pensar más concretamente en que es posible. Volver al futuro, Einstein, el Dios que lee Cata, el viaje al espacio que le ganó 0,02 segundos al reloj y Outlander.
Una película que me encantó es medianoche en París. El protagonista camina por las calles de París, y con su anhelo a cuestas de que todo pasado es mejor, inesperadamente, viaja a los años 20`. Y al interactuar con la gente de esa época, se da cuenta de que creen que hace dos décadas la vida era mejor. Y pienso en esa vieja creencia del ser humano que cree que nació en un tiempo que no es el suyo.
No sé a que época iría si pudiese viajar. Me gusta el tiempo en el que me toca vivir sinceramente. Antes me gustaba más el pasado. Pero después de pensar que reúno muchas características que no serían bien recibidas en épocas pasadas, me amigué con el presente. El futuro, apenas puedo imaginarlo. Aunque me intriga la llegada de seres de otros planetas, me cuesta crear sus caras. Y al no poder imaginar sus caras, no puedo imaginar el resto de su existencia. Hay algo que no me cierra de esos insectos gigantes o de los gnomos como ET. En ese punto me alejo de la ciencia ficción. Tienen que ser algo más funcionales. No hablo de una comparación física con nosotros, más feos, mas esbeltos, más altos o más verdes. Si no, una combinación de las mejores características de un pez, de un mono, de un humano, de una planta. La evolución de la “evolución”.

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