19.03.2020
Mi cumpleaños número 31. Siempre supuse que lo mejor venía después de los 30, asi que aquí estoy, intentando ser mejor. Entre reflexiones de cuarentena llegó mi cumpleaños. Puedo decir que me levanté felíz a pesar de este encierro momentáneo. Agradezco cada día al abrir los ojos ver a Cata. Suelo sentir que a través de sus ojos los veo a todos. Como si además de todo el amor que le tengo, mis otros amores se resumiesen en esa sensación de encuentro. Como si el amor me entrase por los ojos, pasase a los suyos, volviese a los míos y me diese ese calor en el cuerpo de cuando llegás a casa con frío y te metes abajo de la ducha. Todo se vuelve calor y es mas aquí y ahora que nunca.
Hoy conseguí mucha yerba en el super yo (Super Sol). Un tipo que no quería respetar ni la distancia ni la cuarentena me tocó la espalda sorpresivamente. Me preguntó si hablaba inglés. No se por qué si soy más Dominguez que los primeros Dominguez siempre me hablan en inglés o en italiano. La del italiano me da más bronca, porque aunque los quiero cuando los conozco, siempre me resultan unos charlatanes, gente sin palabra, unos veleta, unos convenidos sin principios. Es sólo mi prejuicio en los papeles, lo sé. Italia además de ser una tierra hermosa, me ha demostrado más de una vez que hago bien dejando mis prejuicios a un lado.
Caminé un paso hacia atrás y él hizo uno hacia adelante. Yo hacia atrás y él hacia adelante. Hasta que le dije que había que respetar la distancia. Me siguió hablando a pesar de respetar la distancia y a pesar de que yo miraba para el costado, despotricó contra la mentira del coronavirus ya que Trump no lleva barbijo. Me alejé sin sutileza y sin palabras.
