Cábalas


Ayer mi amiga eterna Maria Bruno, me regaló una sesión de Numerología. Nunca había tenido una y la experiencia me gustó muchísimo. Suele pasar que uno no lo cree hasta que lo ve. En este caso, hace tiempo perdí mi escepticismo por aquellas cosas que no se ven, pero la llegada de algo nuevo y distinto me llevó a la sorpresa. Sumó el día de mi cumple más el de mi mes más el de mi año. Me imagino que para esa suma fue echando cada número en una cacerola y mientras mezclaba con el vapor cosquilleando en su cara, fue sacando con claridad las palabras que me transmitió. Mi número del alma, mi número de mision y mi karma. Escuché con suma atención. Me relató mi ciclo de nueve años, los meses y los días. Me enseño como leer mis días y como los números, que siempre me han gustado tanto, me pueden ayudar a tener claridad y certeza para entender los estados. Esto me lleva a cualquier persona cabulera. Lo he sido siempre, más allá de que es algo que muchas veces me ha dado verguenza. He saltado todas las líneas de la cancha desde el medio hasta el arco defendido, no he pasado por debajo de escaleras, he puteado y dado las tres vueltas cada vez que me cruce un gato negro, nunca deje que me barran los pies, si se cae la sal tiro tres veces para atras por arriba de mi hombro izquierdo. Me subo a los lugares con la izquierda porque soy zurda y brindo siempre antes de tomar alcohol. Tuve un técnico que re afirmo todas las cábalas del mundo y nos llevó a un campeonato; y un psicólogo que marco el día en que empecé a combatir este mambo diciendo “las supersticiones son las excusas de las mentes débiles”. Que sé yo, siempre fui cabulera, mi papá lo es, creo en la magia, por las dudas..

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