El sol arrasa esta tierra. El viento acarrea lo que el sol congela. Ironia de la vida que el sol congele y el viento acarree. En estos parajes todo parece posible, pero lo imposible queda todavia muy lejos.
El señor barrigon de la esquina, al que solemos decirle Ricardo, aunque en verdad nadie sabe su verdadero nombre, riega su pedazo de calle, su suerte de vereda y hace el favor a su vecino de mojar la entrada de su puerta, para que con él no entre el bendito polvo que inunda este pueblo. Hace años que cada mañana riega su suerte de vereda, que nadie sabe su nombre, que toma mate caliente y tambien frio cuando la pata maltrecha que lo acompaña desde que riega su suerte de vereda, le impide ir a la cocina con la rapidez que querria. Cada mañana regala sus buen dia a todos los caminantes, a los que estan de paso y a los que vienen siempre, pero solo espera un pasaje de esas largas horas, cuando el viento se detiene y los segundos no avanzan, cuando su corazon palpita y su alma brinca, los ojos quietos, el cuerpo tieso y ella apareciendo a lo lejos, reconoce su andar, sus rodillas un poquito hacia adentro, los brazos largos, dueños de las mejores manos para la reposteria, recetas que heredo de su abuela, tambien nacida en este pueblo. Ella avanza distraida, y aunque sus años no se revelan, sabemos que cuenta varios. No lleva carrito, ni changuito como le llaman los niños, solo camina con sus chancletas y una bolsa de madera doblada en cuatro debajo de su brazo derecho. Abundan las chancletas en este pueblo, tanto que una vez se encargó un camión repleto de ellas para repartirlas entre los habitantes. El intendente opto por el calzado tan codiciado en lugar de gastar el dinero de cada fin de año en la sidra y los pan dulces, el café y los bizcochos del primero de enero. Ah si, esa es la real tradición de este pueblo. El primero de enero se celebra el dia de los bizcochos. Se da comienzo al año nuevo con café, con mate, con jugos para los mas chicos. Algunos cometen el pecado de mezclar dulce con salado y se presentan en la plaza principal con unos botellones cargados de vino. Pero esos si que son los menos. Se los mira de reojo por beber antes de la misa. Solo el cura Manuel autoriza el alcohol despues de las ocho de la noche cuando toma el primer sorbo.
En el pueblo descansan los animales de tarde y madrugan los niños que lloran, y tambien los que no lloran. La actividad se limita a sobrevivir en el invierno y a pescar en el verano, aunque algunos sobreviven todo el año. La mayoria se dedica a los oficios heredados y a los chismes que siempre van a contramano. La flaca tarruela comanda ese circulo del cual nacen todos ellos. Pero pifia en su cronologia, se engancha y alarga los que le gustan, los que tienen alguna complicacion familiar, los que se suponia que iban a suceder, esos que se caen de maduros dice Cristina. Deja a un lado los casos de enfermedades por estres, de hijos no queridos, de golpeadores borrachos. No indaga salvo a su circulo intimo, y se entrega a ellos como si de llenar un album se tratase. Los adivina por observadora y aburrida. Aunque hay varios que le debe a su imaginacioón. Tanto le duran a veces los entusiasmos, que cuando el nuevo chisme le aparece cae en la cuenta de que el viejo ya tenia mas de un año, que la situacion se habia vuelto inversa, que los personajes ya estaban amigados y muchas veces abrazados.
Cuando Camila aparece caminando , entre remolinos de polvo y hojas del reciente otoño, en la vereda de Ricardo el tiempo se detiene. La flaca tarruela mira sin comprender que es lo que cautiva a ese hombre de aquella mujer. Que hay en sus ojos que el pueblo no ve, que hay en sus piernas chuecas y color cafe, en sus rizos despeinados y su parquedad al hablar. Piensa y piensa desde su silla que es lo que ve y no puede ver, por qué el viento se detiene y los segundos no avanzan. Siente la tensión y respira hondo. Y solo para sus adentros, porque este chisme no vende ni consigue adeptos, se pregunta si acaso no será tan simple el amor.
