Hernan Casciari

Sin filtros que valgan la pena

Me encuentro llorando por la emoción del relato. A medida que avanza y me dejo envolver por las palabras del gordo me situó en el lugar y el momento que narra. Me transporta a su piel, siento su historia dentro, su angustia con la muerte de su padre, su emoción con el Racing campeón desde España, sólo, en un bar, abrazándose a la bandera, abrazándonos a la distancia. 

Hernan Casciari es un hincha de racing conmovedor. 

“Ojalá cuando pase el tiempo y huelas éstas páginas -que estarán ajadas y viejas- el olor te recuerde que había una cierta honestidad en el aire, y que se podía soñar con una revista.”

Casciari es un tipo al que si solo le escucho la voz me lo imagino de una manera. Y si solo lo viese me lo imaginaría de otra. Como he tenido la oportunidad de ambas cosas, me resulta aún más extraño. Su voz no encaja con su cuerpo, o su cuerpo no encaja con su voz. No se hacia que lado dirigir estos encajes. 

Tiene un humor en el que no necesita risas de fondo, y eso me gusta. Siempre odié a los reidores que determinan en que momento uno debería largar la carcajada, como si todos debiésemos reírnos de lo mismo y al mismo tiempo. 

El gordo con ese tiempo tan suyo que tiene para contar, no deja pausas para risas largas y menos para que la mandíbula quede abajo después de la sorpresa. 

Siempre me da la sensación que en sus escritos no publicados tiene mas poesía que en los que si. 

Vió a Racing campeón cuatro veces, una descenso, dos años en la b, un campeonato en España, al coco Basile al mando de la supercopa del 88´, al Diego dirigiendo el club de sus amores y yéndose silbado por el cilindro entero. Vió al mago Capria y a Rubén Paz. Describió a Messi como nadie y creo una editorial, además de una revista con el título Orsai. Un futbolero de la primera hora. Y por suerte parte de la cofradía, como diría mi papá. Un melancólico hincha de Racing. Para no faltar a la costumbre. 

Tiene de musa, tanto como de árbitro, dos interrogantes: ¿mi viejo entendería esto que escribí? ¿Chiri se aburriría? Y a partir de esos dos seres humanos edificantes en su vida estructuró otra columna vertebral, la escritura. La que hace pública. Porque sostengo, para mí, su lado romántico no lo publica. Me encantaría encontrar las cartas que le escribe a su novia, a sus hijas, a su mamá, a sus amigos.

Vivió de ilegal en España y regaló revistas por latinoamericana. Pagaba los envíos de Orsai junto a Chiri con el afán de que la revista llegue sin publicidad y sin sponsors a los confines de nuestro continente. 

Luego de un infarto, a finales del año 2015, convirtió sus milanesas a caballo en rodaja de zapallo al horno. Volvió a sentirse pleno cuando se enamoró, olvidando la inercia y el hastío de la rutina. Se volcó a una vida “saludable” y dice que el escenario de los jueves con su familia, los transformó a todos. Extraña a su padre en cada saludo y lloró por primera vez, luego de su muerte, mientras la relataba en una ciudad lejana. 

No sé si mis palabras no vuelan algunos centímetros sobre la realidad intentando describir su vida, pero como a pedido del gordo no hace falta que las historias sean verídicas sino buenas, me dejo omitir todas las pausas terrenales. 

Pasó por el lado formal de la vida, donde se casó y laburó para grandes editoriales. Sufrió la estrangulación de la producción en masa y la desilución de ver gente paga en una esquina charlando para imponer la próxima revista de moda. Así se decidió a crear su propia editorial, saltando al otro lado, donde los emprendedores le tomaron la mano. Su revolución interna, su liberación.

A los personajes de su pueblo los exprimió y lejos de los pudores de la madre de Almodóvar, que no quería que sus historias apareciesen en las películas de su hijo, los mercedinos recibían con encanto todo lo que los contenía. 

Hizo de la literatura un arte con un humor; de Juan Filloy, el escritor de los tres siglos, un tipo conocido en la capital de este país; y de varias planillas de excel, una pintura terminada. 

Pasó y se quedó en la radio, en el teatro y en varias columnas de diario. Asegura que todo eso abrió su imaginación y despertó nuevas facetas en ámbitos que lo llenaban de vergüenza.

A este mercedino, futbolero y racinguista, mis mejores deseos, mi admiración y mi cariño. Lo conservó en mi mente como la voz en cada escrito, sin cuerpo y sin cara. El gordo, con tono propio y el toque de humor sin risas. 

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